jueves, 16 de abril de 2015

Viaje a Barcelona con final feliz


Mi dueño se llama Agustín, conduce un furgón carrozado de tres mil quinientos kilos y suele hacer portes a las fábricas y almacenes. Ahora se dirige a un polígono de las afueras de Barcelona, yo estoy dentro de una pequeña bandolera que esta en el asiento del copiloto, desde mi posición puedo oír la la radio donde una chica con voz sensual está leyendo unos poemas eróticos. Agustín no habla, esta pendiente de la carretera y de vez en cuando se enciende algún pitillo que otro.

Al cabo de dos horas mi dueño llega a su destino, coge la bandolera en la que estoy dentro y baja del furgón para abrir las puertas traseras. Un operario con un mono azul montado en un toro mecánico descarga las mercancías que mi dueño transportaba, después le firma el albarán de entrega y Agustín se despide del operario mientras se vuelve al camión otra vez. Aún le queda otra parada en ese mismo polígono, es una fábrica de plásticos y allí tiene que descargar un palet de tubos de pvc.
Ahora que tiene el furgón vacío mi dueño vuelve a Huesca, pero antes de emprender el camino a la capital oscense para en una estación de servicio de la autopista para reponer fuerzas con una buena comida.

Tras comer unos huevos fritos con chistorra, mi dueño me saca de la bandolera y me deja encima de la mesa, llamando al camarero para que me recoja.

— ¡Mocé! — exclama mi dueño, alzando el brazo y sacudiendo la mano — ¿me cobras?

El camarero me recoge de encima de la mesa, me mira de reojo mientras va hacia la barra, le llama la atención mi atuendo hippie y me enseña a la cocinera del restaurante, es ella la que se saca un billete igual del bolsillo y se lo cambia a su compañero de trabajo. Le ha gustado mi aspecto tan colorido y ya que le gusta coleccionarse monedas y billetes extraños, le comenta al camarero que me pondrá en una vitrina del salón de su hogar.
Me acabo de convertir en una pieza de museo, es todo un lujo para un billete acabar de esta manera.




DESPEDIDA




Gracias a que llevo siempre encima mi ordenador portátil he podido terminar mi relato desde la vitrina donde mi dueña me ha colocado, ahora estoy exportando el documento a PDF para mandárselo por e-mail al tipo que me encargo la redacción de este blog. Menos mal que la coleccionista tiene conexión WIFI en toda la casa y me puedo conectar a Internet sin problemas.

Una vez realizado el trabajo solo me queda disfrutar de mi retiro en esta vitrina. Aquí estamos un montón; hay un billete de cinco al que alguien estampó la frase “¡cristo te ama, sonríe!” y cayó en manos de la coleccionista, también hay monedas de origen extranjero o conmemorativo, aquí se encuentra un billete de diez mil pesetas de color azul al que hemos apodado “el general”. Pero aparte del dinero raro, también hay una colección de figuritas de plata que representan las cofradías de Zaragoza, otra de los gigantes y cabezudos de la capital aragonesa y un soldadito de plomo que va a cuerda y lleva un pequeño bombo del bajo Aragón. Todo esto lo tiene porque mi dueña es natural de Zaragoza y cuando siente nostalgia de su ciudad se sienta en una silla y se queda mirando la vitrina con la mirada perdida recordando tiempos vividos en la capital del Ebro.
Bueno me despido ya, que ahora vamos a celebrar el cumpleaños del soldadito de plomo y hemos quedado todos en el estante de arriba para que una barbie con aspecto raro que hemos contratado nos haga un espectáculo erótico. 


Espero que os haya gustado mi historia porque me ha comentado el gachó que estampa su firma en este blog, el "alparcero", que pronto me encargará mas relatos sobre mi vida y creo que a la próxima vez que nos veamos os contaré la historia de un primo mío, él es un billete de 50 euros y nació en una imprenta clandestina en los bajos de un edificio del casco antiguo de Zaragoza.

¡HASTA PRONTO!

No hay comentarios:

Publicar un comentario